08 mayo 2008

Aumentan los muertos y los desaparecidos en Birmania, se habla de más de 100.000.

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Hay paises que sufren más que otros, pero lo de Birmania o Myanmar ya es demasiado. Primero el desastre del tsunami de 2004, luego una dictadura criminal y esclavizante, y, ahora el desastre más absoluto, que se intensificará con las pérdidas de las cosechas de arroz, lo que afectará también a los pobres en todo el mundo.
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En Birmania miles de sobrevivientes al paso del ciclón buscan tierra firme eludiendo cadáveres.El saldo mortal del ciclón Nargis en Birmania podría llegar a más de 100.000 personas, según la encargada de negocios de EE.UU. en Rangún, Shari Villarosa, mientras miles de desesperados sobrevivientes esperaban la llegada de ayuda.Oficialmente los muertos ascienden a 22.980, los desaparecidos son 42.119 y los heridos 1.383. Sin embargo, podría haber más de 100.000 muertos en el área del río Irrawaddy.

Agregó que según una fuente gubernamental de Birmania que no nombró, “el 95% de los edificios han desaparecido” en el área de ese río.Un periodista de AFP consiguió llegar a Labutta, una localidad que tenía 90.000 habitantes y que fue arrasada por el ciclón antes de quedar sumergida por seis metros de agua.Allí vio como los sobrevivientes deben buscar cocos y compartir con los que llegan con escasas cantidades de arroz. “No podemos dormir... oímos a gente que grita por la noche, deben ser los fantasmas de los vecinos”, dijo uno de ellos.

El video a continuación muestra el desastre ocurrido en Birmania.

(Al correr el video pon en pausa el MP3, que está en la barra lateral)

La Casa Blanca dijo que Birmania no ha respondido a su oferta de ayuda, mientras el secretario de la ONU, Ban Ki-moon, pidió a las autoridades birmanas facilitar la entrada.En la mayor ciudad, Rangún, los vecinos a orillas de un lago hacen fila para asearse, lavar ropa y llevar agua a casa.Los birmanos se han sumado a las críticas y reprochan su pasividad a un ejército, integrado por 400.000 militares, que gobierna con mano de hierro.Mientras los sobrevivientes trataban de alcanzar tierra firme en botes con mantas improvisadas como velas, eludiendo una multitud de cadáveres flotantes, turbas hambrientas saquearon los escasos negocios que abrieron sus puertas en las ciudades.

En el área pobre de Bagon Norte, Khin Hla, una mujer de 75 años, se ha instalado en las ruinas de lo que fue su casa, donde vivía con los tres nietos que tiene a su cargo.“Mi casa quedó destruida, no tengo dónde ir. No tenemos dinero para arreglar la casa ni para comprar comida. Estoy enfadada con el gobierno porque no nos proporciona ninguna ayuda”, explicó.En la antes frondosa capital birmana, los árboles fueron arrancados de cuajo y acabaron destrozando casas y coches. “Dependemos de los monjes para limpiar esta calle”, dijo una mujer de mediana edad de un barrio del oeste de Rangún que no quiso dar su nombre por miedo a represalias.“Esperábamos que las autoridades vendrían, pero aún no se presentaron. Estos monjes llegaron tras la tormenta a ayudar a la gente a limpiar las calles y retirar los árboles”.

Birmania y el mundo sufrirán carencia de arroz al destruir el 'Nargis' la mayoría de los cultivos

Hasta el momento, Myanmar satisfacía su demanda doméstica y se mantuvo a salvo de la crisis por el aumento del precio del grano en el mercado internacional que afecta a las naciones vecinas.
Sin embargo, los devastadores efectos de Nargis sobre los arrozales birmanos llevarán a una carencia generalizada que podría prolongarse hasta 24 meses, según datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas. Además, la falta de medios e infraestructuras ha generado en los últimos años un dramático descenso en la producción de arroz.

Por otra parte, el PMA también alertó de que los arrozales del delta del río Irrawaddy se verán perjudicados por la salinidad y las aguas contaminadas de las inundaciones de Nargis, lo que obligará a racionar la comida al menos durante los próximos seis meses. La escasez de alimentos, unida a los cada vez mayores precios de todos los artículos de primera necesidad, pueden provocar un nuevo levantamiento contra la Junta Militar como el del pasado septiembre, que comenzó con protestas pacíficas por el incremento del coste de los combustibles. En aquella ocasión, el descontento escaló cuando las marchas empezaron a estar lideradas por los monjes budistas, antes de que los soldados birmanos sofocaran las marchas a golpes y tiros.