04 octubre 2008

El "paracaídas dorado" o cómo cobrar despúes de hundir el banco, la empresa, el país, etc..

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El hundimiento de Wall Street debido a las hipotecas subprime premió al menos a doce altos ejecutivos que dirigieron a la gran banca de América del Norte. Así, sus cuentas engordaron de forma espectacular tras su fracaso con los llamados "paracaídas dorados", dinero cobrado por abandonar el puesto, cuyo montante asciende a la nada despreciable suma de 500 millones de dólares.
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Según ha informado la cadena estadounidense CNBC, los 500 millones de dólares es una estimación de lo percibido por las altas esferas del sector bancario que se ha visto afectado por los altos ejecutivos tras abandonar el puesto, incluyendo lo percibido en dinero en efectivo, "stock options" y otras retribuciones.

Por ejemplo, Stanley O'Neal, que se convirtió en una de las primeros ejecutivos en sucumbir ante la crisis de las subprime al dejar la dirección de Merril Lynch el 28 de octubre de 2007, había recibido la "sustancial paga" de 161 millones de dólares como gratificación de despedida, después de que la entidad financiera que dirigía admitiera depreciaciones de activos por 8.000 millones de dólares. El sucesor de O'Neal en Merril Lynch, John Thain, ha recibido la nada despreciable cantidad de 9 millones de dólares como despido por dirigir la entidad menos de un año, antes de que la firma acabase siendo adquirida por Bank of America, el 14 de septiembre de 2008. Otro de los empresarios que también se beneficiaron de la crisis, Charles Prince, presidente de Citigroup, había cobrado de 105 millones de dólares pese a que su salida se produjo cuando el banco anunció depreciaciones de activos por 11.000 millones de dólares.

Por otro lado, Angelo Mozillo, tras 39 años en la hipotecaria Countrywide, engordó su cuenta corriente 56 millones de dólares al dimitir en medio de una la grave situación que forzó la absorción de la firma. Bank of America fue la firma que se quedo con la firma. Además, los "paracaídas dorados" dieron alegrías a Kerry Killinger y Alan Fishman, de Washington Mutual, 44 y 19 millones de dólares, respectivamente. La gratificación de despido, Ken Thompson, de Wachovia obtuvo 42 millones, Richard Fuld, de Lehman Brothers, 24 millones, Richard Syron y Daniel Mudd, ambos dirigentes de Fredie Mac, 16 y 8 millones de dólares, respectivamente, y James Cayne, de Bear Stearns, 13 millones de dólares. Por último, a Robert Willumstad, máximo dirigente de la aseguradora AIG, a la que el Tesoro de EEUU tuvo que inyectar 85.000 millones de dólares para evitar su hundimiento, su compañía le había preparado un despido de lujo, de 22 millones de dólares. Willumstad, según parece, ha renunciado a ese dinero.