14 julio 2008

Silvio Berlusconi y su increible camino hacia el poder.

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Acusado del delito de falsificación de balances un tribunal de Milán lo absolvió de haber escamoteado la declaración de hasta mil millones de euros, fondos que destinó a sobornar jueces y partidos políticos. La compañía Finninvest, que ampara los intereses de Berlusconi, fue exonerada gracias a leyes que han sido aprobadas por el propio gobierno de Berlusconi para escapar indemne de todos sus tapujos y fullerías.
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Berlusconi ha estado bajo investigación por lavado de dinero, complicidad en homicidios, conexiones con la mafia, evasión fiscal y soborno de políticos y magistrados. Cuenta con el apoyo de las corrientes más atrasadas de la política y el pensamiento europeos. Margaret Thatcher, la inventora de las privatizaciones, le dio su apoyo manifiesto durante una de sus campañas; José María Aznar, a la cabeza del neofranquismo español, declaró, por medio de uno de los personeros del Partido Popular, que Berlusconi y él eran miembros “de la misma familia política”, es decir las rémoras de un pasado hitleriano que no acaba de ser erradicado definitivamente del panorama europeo.

La ascensión de Berlusconi ha puesto en peligro la base democrática de la república italiana porque este Primer Ministro inescrupuloso, audaz, autoritario y venal desconoce las ganancias realizadas por el liberalismo italiano desde la Segunda Guerra Mundial e ignora el rechazo a la monarquía de los Saboya y al fascismo mussoliniano. También contribuye a acentuar las diferencias en la nación entre un norte opulento y un sur miserable; un norte regionalista, chauvinista y patriotero y un sur agrícola, tecnológicamente atrasado, que aun sufre condiciones de infortunio y estrechez.


La respuesta que dan muchos: Berlusconi es un prestanombre de la Mafia y el Vaticano. No en vano perteneció a la famosa Logia P-2 en la que estuvieron involucrados los tristemente célebres Roberto Calvi y Licio Gelli, este último ex teniente de la División Herman Goering, de las S.S. alemanas, y más tarde traficante de armas conectado con la banca de la Iglesia Católica y los escándalos del Banco Ambrosiano y la Operación Gladio, organizada por la CIA. El triunfo de Silvio Berlusconi en las elecciones italianas es un indicador de que el pueblo estaba fatigado de las falsas promesas de los social demócratas y buscaba cambios a toda costa. Incluso corriendo el riesgo de llevar al poder a una camarilla de gángsters y otorgarle supremacía a los tortuosos laberintos financieros de la banca del Vaticano. (Artículo de Lisandro Otero. Rebelión.Org)

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