Este mes de septiembre hará siete años desde que empezó la intervención occidental en Afganistán, destinada a estabilizar y reconstruir un país que el oscurantismo teocrático de los talibanes había hecho retroceder -literalmente- más allá de la Edad Media. La operación militar fue respaldada por el consenso internacional y bendecida por las Naciones Unidas, por lo que se la consideró de alguna manera la «guerra buena» por contraposición a la «mala», que era la de Irak. (Perdiodista Digital)
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En este video se puede ver a las tropas imperiales combatiendo en Afganistán, donde día a día cae uno más. (Al correr el video pon en pausa el MP3, que está en la barra lateral)
Sobre el terreno se demuestra que los enemigos de la libertad no suelen entretenerse en consideraciones políticas como las que perturban las estrategias electorales en Occidente. Sencillamente las aprovechan. Como se ha visto con la muerte de diez soldados franceses en una emboscada, los talibanes saben muy bien cuáles son los objetivos que pueden tener más repercusión y, como ha dicho el ministro de Defensa galo Hervé Morin, «pretenden hacer dudar a los europeos» sobre la necesidad de apoyar esta operación.
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La guerra de Afganistán sigue siendo el desafío más importante para la seguridad de Europa y Estados Unidos, no solamente porque una nueva «talibanización» del país volvería a favorecer la emergencia de un foco de difusión del terrorismo internacional, sino sobre todo porque Occidente perdería toda su credibilidad. Si la alianza militar más poderosa del mundo, la OTAN, no lograra imponer sus objetivos en Afganistán, difícilmente puede ser un mecanismo disuasorio para nadie, y sus cimientos políticos se desmoronarían como los de la Unión Soviética. La posibilidad de un fracaso en Afganistán debería ser excluida en cualquier caso. Sin embargo, el respaldo social a la presencia militar aliada en Afganistán disminuye conforme la operación se prolonga en el tiempo o cuando se producen lamentables bajas entre los soldados que cumplen allí su misión.
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Por ello sería necesario que el conjunto de los aliados comprendiese que no es posible obtener resultados si no se suministran los medios necesarios para ello. La cuestión de cuántas tropas han de ser enviadas debería ser respondida con una fórmula de sentido común: las menos posibles, pero ni una menos de las que se necesitan para alcanzar sus objetivos. Las actitudes políticamente reticentes no son de gran utilidad cuando se trata de una situación en la que no se puede aceptar el fracaso colectivo. En el caso del Gobierno español, la cooperación con el Ejército de Colombia es un remedio positivo para aumentar el conjunto de los efectivos presentes sobre el terreno, pero el verdadero cambio ha de ser en las reglas de enfrentamiento de los soldados y en la ampliación de sus misiones hacia tareas más comprometidas con la lucha contra el terrorismo. Las malas relaciones con Rusia a raíz de su actitud en el caso de la República de Georgia no son un buen ingrediente para el buen desarrollo de las operaciones en Afganistán, puesto que una buena parte de los suministros militares para la ISAF se hace a través de su territorio. Tampoco sirve de ayuda la peligrosa inestabilidad de Pakistán.
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Aquí un video que ya hemos presentado, pero por su claridad de su mensaje te invirtamos a verlo nuevamente.
Indignado con las matanzas de civiles en bombardeos, el Gobierno afgano presidido por Hamid Karzai decidió hoy "revisar" la presencia de tropas internacionales en el país y "regular" su responsabilidad por medio de un acuerdo. Tras una reunión en Kabul, el Consejo de Ministros emitió un comunicado en el que expresó su "profunda tristeza por la pérdida de tantas vidas civiles durante los recientes bombardeos en Herat". Unos 90 civiles, la mayoría de ellos niños, murieron en un bombardeo de la coalición estadounidense en el distrito de Shindand, en la provincia occidental de Herat, según ha concluido el equipo investigador que el Gobierno envió a la zona. (Diario de Sevilla)
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El Ejecutivo afgano constató en su comunicado haber discutido "repetidamente" el asunto de las bajas civiles con las fuerzas internacionales, a las que ha pedido "que detengan todos los bombardeos aéreos sobre objetivos civiles, especialmente en los pueblos afganos". También dijo haberles expresado su "preocupación" por los "registros domiciliarios no coordinados (con las fuerzas afganas) y el acoso a civiles". "Desgraciadamente, hasta la fecha, nuestras demandas no han sido atendidas. Más bien al contrario. Más civiles, incluyendo mujeres y niños, están perdiendo la vida como resultado de los bombardeos.". Finalmente, el Gobierno exigió el fin de "los bombardeos contra objetivos civiles, los registros domiciliarios sin coordinar y las detenciones ilegales de civiles afganos"
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Los soldados internacionales se encuentran en Afganistán "por invitación" del Gobierno afgano. La OTAN tiene desplegados a más de 50.000 miembros de la Fuerza de Asistencia para la Seguridad (ISAF), casi la mitad de ellos norteamericanos, que cuentan con mandato de la ONU. Además, EEUU comanda una coalición que cumple la misión antiterrorista Libertad Duradera y cuenta con una mayoría de soldados estadounidenses (unos 15.000). Tras anunciar una investigación, el presidente afgano dijo entonces que su Ejecutivo tomaría "todas las medidas necesarias" para evitar que desgracias de este tipo se repitan. Según la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán (AIHRC), más de 900 civiles han muerto en Afganistán en lo que va de año en operaciones de las fuerzas internacionales y ataques de la insurgencia talibán.
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