24 agosto 2008

¡Daos la vuelta inmediatamente! Esto es Osetia. Rusia será un hueso muy dificil de roer.

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Esto es territorio oseta y sólo los rusos y los periodistas de países no pertenecientes a la OTAN son bienvenidos». Soldados sucios, con zapatillas deportivas y ojos cansados custodian el puesto de control de Ergeneti, la puerta de Tsjinvali si se viaja desde el lado georgiano. Los primeros edificios de la capital de Osetia del Sur están justo a unos metros de esta especie de búnker de cemento gris de donde sobresale una ametralladora que encañona a cada vehículo antes de preguntar a sus ocupantes.
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Este video grabado en Tsjinvali informa sobre una serie de potentes explosiones. Dicen que Rusia está destruyendo todo el material militar incautado a Georgia (Al correr el video pon en pausa el MP3, que está en la barra lateral.

El acceso a Osetia del Sur permanece bloqueado por rusos y osetas. Los veintiséis kilómetros que separan la ayer liberada Gori siguen bajo control absoluto de unos rusos que, si bien quitaron sus puestos de control a la entrada de la ciudad más importante del país, no hicieron lo propio con los que se encuentran en su salida hacia el norte. Los tanques siguen bloqueando el paso en Karaleti y el movimiento de tropas es constante en esta franja en la que los mandos rusos pretenden desplegar ahora su «fuerza de paz». (La Verdad.es)
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Pueblos abandonados, casas quemadas, tiendas desvalijadas, coches calcinados y ancianos deambulando de un lado a otro. Gente mayor con una increíble habilidad para camuflarse cada vez que oyen acercarse un tanque de Moscú. Pese a que el Kremlin insiste en que el repliegue ha concluido, sobre el terreno no cesa el ir y venir de blindados, y el sonido de explosiones sigue rompiendo el silencio de un paisaje donde el olor a muerte impregna cada metro cuadrado. Ni rastro de policías o soldados georgianos. Esperan su turno en Gori, donde ya han recuperado las riendas de la seguridad. Filas de recién estrenados vehículos Toyota esperan en el arcén a que los rusos levanten el control de Karaleti para acercarse unos kilómetros más a Osetia. Los supervivientes de esta auténtica línea del frente siguen los acontecimientos a través de un canal ruso de televisión, que es el único que se sintoniza después de que los soldados del Kremlin volaran el repetidor local. Viven también pendientes de la radio, cuyos servicios informativos en Georgia son un auténtico parte de guerra.
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en el norte no se puede aún hablar de retirada, en el oeste del país las tropas de Moscú permanecen en el puerto de Poti, en el mar Negro, donde se concentraron más de mil personas para exigir su salida inmediata. La televisión local aseguró que se había producido la retirada de la base aérea de Senaki, pero informó de que no se habían movido los puestos de control en Teklati y Nabada, con lo que la carretera que une Tiflis con la costa sigue una jornada más en manos rusas.El presidente Saakashvili calificó positivamente el movimiento ruso, cuya única razón para salir cuanto antes de Georgia ha sido «la enorme presión ejercida por la comunidad internacional». Pese a lo positivo del repliegue ruso, el mandatario optó por prolongar el estado de guerra durante las dos próximas semanas y aseguró que «el problema no ha terminado. Para restaurar la unidad interna del país será imprescindible la llegada de pacificadores venidos del extranjero».Las palabras de Saakashvili suenan muy lejanas en el puesto de control de Ergeneti, aunque se encuentre a tan sólo ochenta kilómetros de Tiflis. «¿Pedid a vuestro presidente asesino que venga a abriros el paso!», «¿cómo os atrevéis después de haber bombardeado nuestras casas a poner un pie aquí?», son las mejores frases que los milicianos osetas dedican a los georgianos.
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Aquí, un video que muestra destructores norteamericano ingresando al Mar Negro, por el estrecho del Bósforo.

El mar Negro empieza a parecerse al estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico. En vez de barcos iraníes, los estadounidenses rememoraron ayer los tiempos de la guerra fría y el primero de sus tres destructores con ayuda humanitaria pasó el cerco que la marina rusa mantiene sobre la costa georgiana. El Mcfaul tuvo que atracar en el puerto de Batumi, porque Moscú se niega a abandonar el puerto más importante del país, Poti. Valientes, pero no tanto.
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En su interior portaba 55 toneladas en alimentos, sábanas, productos de higiene personal y medicamentos para los 128.000 desplazados que ha provocado la guerra en Georgia, según los últimos datos del Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas (ACNUR). También traía misiles Tomahawk, que durante toda la mañana permanecieron a menos de ochenta kilómetros de las posiciones rusas en Poti. El desembarco americano fue el primero de una serie de tres que se producirán en los próximos días y mientras Poti siga ocupado, Batumi será el puerto elegido por los destructores enviados por la Casa Blanca en esta misión de paz. Georgia vivió la mañana pegada a los televisores, para ver en directo la bandera de las barras y las estrellas en su país.
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«El gran amigo americano no ha fallado», declaró el ministro de Exteriores, David Kezerashvili, que junto a una nutrida representación de políticos locales esperaba a los estadounidenses en el puerto. Este buque fue la prueba que muchos necesitaban para recuperar la confianza en una comunidad internacional a la que acusaron de abandonarles. La llegada americana estuvo a punto de ser eclipsada por la explosión de un tren cargado de combustible a primera hora de la mañana. El suceso tuvo lugar en Skra, siete kilómetros al oeste de Gori, una base militar georgiana de la que los rusos salieron hace dos días y donde, según las fuerzas de seguridad locales, podrían haber dejado varios puntos minados. «La principal sospecha es que los rusos minaron la vía antes de marcharse», aseguró el portavoz de Interior, Shota Utiashvili, que informó que pese a la espectacularidad de la explosión no hubo que lamentar víctimas y los rusos no se pronunciaron sobre lo ocurrido. La línea férrea es fundamental para el abastecimiento de combustible no sólo para el país, sino también para los vecinos Azerbayán y Armenia que están padeciendo las consecuencias del bloqueo provocado por la ocupación rusa.